“En la postura de zazen, su mente y su cuerpo tienen un poder enorme para aceptar las cosas como son, sean agradables o desagradables”.

Dice en nuestras escrituras (Samyuktagama Sutra, vol. 33) que existen cuatro tipos de caballo: excelentes, buenos, mediocres y malos. El mejor caballo galopará lento o rápido, a derecha o a izquierda, a voluntad del jinete, antes de percibir la sombra del látigo; el segundo galopará tan bien como el primero, justo antes de que el látigo toque su piel; el tercero galopará cuando sienta el dolor sobre su cuerpo; el cuarto galopará cuando el dolor le haya penetrado hasta la médula de sus huesos. ¡Imagínese la dificultad del cuarto para aprender a galopar!

Cuando oímos esta historia casi todos queremos ser el mejor caballo. Si es imposible ser el mejor, queremos ser el segundo. Así es, creo, como habitualmente se comprende esta historia y el Zen. Usted puede pensar que cuando esté sentado en zazen, sabrá si es uno de los mejores caballos o uno de los peores. Sin embargo, esta será una mala comprensión del Zen. Si usted piensa que el fin de la práctica del Zen es entrenarlo para llegar a ser uno de los mejores caballos, tendrá un gran problema. Esta no es la comprensión correcta. Si practica Zen de la manera correcta, poco importa que sea el mejor o el peor caballo. Pensando en la compasión de Buda, en su opinión, ¿Cuáles serían los sentimientos de Buda hacia las cuatro clases de caballos? Sin duda, será mayor su compasión por el peor que por el mejor.

Cuando se haya decidido a practicar zazen con la gran mente de Buda, descubrirá que el caballo más malo es el que tiene el mayor valor. En sus imperfecciones mismas encontrará las bases de su mente firme y que busca el sendero. Los que logran estar sentados en la postura física perfecta, habitualmente se demorarán más en llegar al verdadero modo del Zen, a la verdadera sensación del Zen. Pero los que enfrentan grandes dificultades para practicar el Zen, encontrarán un mayor significado. Pienso, pues, que a veces el mejor caballo puede ser el más malo y el caballo más malo ser el mejor.

Si estudia caligrafía, verá que los que no son tan hábiles generalmente llegan a ser los mejores calígrafos. Los que son muy hábiles con sus manos a menudo encuentran grandes dificultades después de que han llegado a cierto estado. Esto es igualmente cierto en el arte y en el Zen. Es cierto en la vida. Cuanod hablamos del Zen, no podemos decir, pues: “él es bueno” o “él es malo”, en el sentido corriente de estos términos. La posición en zazen no es la misma para cada uno de nosotros. Para algunos es quizás imposible tomar la posición de piernas cruzadas. Pero incluso si usted no puede tomar la posición correcta, cuando despierte su mente verdadera y que busca el sendero, usted podrá practicar el Zen en su verdadero sentido. En realidad, es más fácil para quienes tienen dificultades en sentarse, despertar esta mente verdadera que busca el sendero, que para quienes pueden sentarse con facilidad.

Cuando reflexionamos sobre lo que hacemos en nuestra vida corriente, siempre sentimos vergüenza de nosotros mismos. Uno de mis discípulos me decía en una carta: “usted me envió un calendario y yo he tratado de aplicar las sabias máximas que aparecen en cada página. ¡Pero el año ha comenzado difícil y yo ya he fracasado!” Dogen-zenji decía: “Shoshaku jushaku”. Shaku significa generalmente “error” o “equivocación”. Shoshaku jushaku siginifica “cometer equivocación tras equivocación” o un error continuo. Según Dogen, un error continuo también puede ser Zen. Se podría decir que la vida de un maestro Zen son muchos años de shoshaku jushaku. Esto significa muchos años de un esfuerzo constante.

Decimos: “un buen padre no es un buen padre” ¿Comprende? El que piensa que es un buen padre no es un buen padre; el que piensa que es un buen marido, no es un buen marido. El que piensa que es uno de los peores maridos podría ser bueno si trata de ser un buen marido con un esfuerzo constante. Si encuentra imposible sentarse a causa de algún dolor o una dificultad física, puede sentarse de otro modo, utilizando un cojín espeso o una silla. Aunque sea el peor caballo, usted llegará al meollo del Zen.

Suponga que sus niños sufren de una enfermedad incurable. Usted no sabe qué hacer; no puede permanecer acostado en su cama. Normalmente, el lugar más confortable sería una cama bien caliente, pero ahora su angustia le impide reposar. Usted puede caminar de un lado para otro, salir y entrar, pero ésto no le será de ninguna ayuda. El mejor modo de soportar su sufrimiento mental, es en realidad, sentarse en zazen, incluso en un estado de mente tan confuso y en una postura tan mala. Si nunca se ha sentado en esta clase de situación tan difícil, usted no es un estudiante Zen. Ninguna otra acitvidad apaciguará su sufrimiento. En otras posiciones agitadas, usted no tiene fuerza para aceptar sus dificultades, pero en la postura zazen que ha adquirido gracias a una práctica larga y difícil, su mente y su cuerpo tienen una gran fuerza para aceptar las cosas como son, sean agradables o desagradables.

Cuando no se siente bien, lo mejor para usted es sentarse. No hay otro modo para aceptar su problema y resolverlo. Que usted sea el mejor caballo o el peor, que su postura sea buena o mala, ésta no es la cuestión. Todo el mundo puede practicar zazen y de este modo resolver sus problemas y aceptarlos.

Cuando está sentado en medio de su problema, ¿qué es lo más real para usted: su problema o usted mismo? La consciencia de que usted está aquí, ahora mismo, es el hecho último. Este es el punto que realizará con la práctica zazen. Con una práctica continua, en una sucesión de situaciones agradables y desgradables, usted realizará el meollo del Zen y adquirirá su verdadera fuerza.