“Hay algo de blasfemia en hablar de lo perfecto que es el Budismo como filosofía o enseñanza sin saber qué es realmente”.

Son muchos, en este país, quienes se interesan en el Budismo; pocos sin embargo, quienes se interesan por su forma pura. La mayor parte está interesada en estudiar la enseñanza o la filosofía del Budismo. Comparándolo con otras religiones, aprecian cuán satisfactorio es intelectualmente el Budismo. Pero no se trata de que el Budismo sea filosóficamente profundo, bueno o perfecto. Nuestro propósito es conservar nuestra práctica en forma pura. A veces siento que hay algo de blasfemia en hablar de lo perfecto que es el Budismo como filosofía o enseñanza sin saber qué es realmente.

Practicar zazen en grupo es lo más importante para el Budismo, y para nosotros, porque esta práctica es la manera de vivir original. Sin conocer el origen de las cosas, no podemos apreciar el resultado del esfuerzo de nuestra vida. Nuestro esfuerzo debe tener algún sentido. Encontrar el sentido de nuestro esfuerzo es encontrar la fuente original de nuestro esfuerzo. No deberíamos preocuprarnos del resultado de nuestro esfuerzo antes de conocer su origen. Si el origen no es claro y puro, nuestro esfuerzo no será puro y su resultado no nos satisfará. Cuando recuperemos nuestra naturaleza original e incensantemente hagamos nuestro esfuerzo sobre esta base, apreciaremos el resultado de nuestro esfuerzo instante tras instante, día tras día, año tras año. Así es como deberíamos apreciar nuestra vida. Los que no se apegan sino al resulltado de su esfuerzo, no tendrán ninguna oportunidad de apreciarlo, porque el resultado jamás llegará. Pero si, instante tras instante, su esfuerzo nace de su origen puro, todo lo que usted haga será bueno, y estrá satisfecho con cualquier cosa que haga.

La práctica de zazen es la práctica en la que recuperamos nuestra manera de vivir pura, más allá de toda idea de adquisición y más allá de beneficio y fama. Con la práctica simplemente conservamos nuestra naturaleza original tal como es. No hay necesidad de pensar intelectualmente sobre qué es nuestra naturaleza pura, original, pues está más allá de nuestra comprensión intelectual y no hay necesidad de apreciarla, pues está más allá de nuestra apreciación. Así, sentarse simplemente, sin ninguna idea de adquisición y con la intención más pura, para permanecer tan calmados como nuestra naturaleza original: ésta es nuestra práctica.

En el zendo nada es caprichoso. Simplemente venimos y nos sentamos. Después de comunicarnos con los otros, regresamos a nuestras casas y reiniciamos nuestra actividad cotidiana como una continuación de nuestra práctica pura, gozando de nuestra verdadera manera de vivir. No obstante, ésto es muy inusual. En todas partes donde voy, la gente me pregunta: “¿qué es el Budismo?”, lista a anotar mi respuesta en su cuaderno. ¡Se imaginan lo que siento! Pero aquí, nosotros simplemente practicamos zazen. Es todo lo que hacemos y estamos felices con esta práctica. No tenemos necesidad de comprender qué es el Zen. Practicamos zazen. No tenemos, pues, necesidad de un conocimiento intelectual del Zen. Esto es, pienso, muy inusual para la sociedad americana.

En los Estados Unidos hay muchos modelos de vida y muchas religiones, por ésto puede parecer muy natural hablar de las diferencias entre las diversas religiones y comparar una con la otra. Pero nosotros no tenemos necesidad de comparar el Budismo con el Cristianismo. El Budismo es el Budismo y el Budismo es una práctica. Es nuestra práctica. Ni siquiera sabemos lo que estamos haciendo cuando simplemente practicamos con una mente pura. No podemos, pues, comparar nuestro método con otra religión. Algunos dirán que el Budismo Zen no es una religión. Quizás sea verdad, o quizás el Budismo Zen sea la religión antes de la religión. Así, pudiera no ser una religión en el sentido usual. Pero es maravilloso, y aunque no estudiemos qué es intelectualmente, aunque no tengamos ninguna catedral u ornamentos fantásticos, es posible apreciar nuestra naturaleza original. Esto es, pienso, muy inusual.