“Prosternarse es una práctica muy seria. Debería estar preparado para prosternarse aún en el último momento de su vida. Aunque sea imposible desembarazarnos de nuestros deseos egocéntricos, tenemos que hacerlo. Nuestra verdadera naturaleza quiere que lo hagamos”.

Después del zazen nos prosternamos nueve veces contra el suelo. Prosternándonos renunciamos a nosotros mismos. Renunciar a nosotros mismos significa renunciar a nuestras ideas dualistas. No hay, pues, diferencia entre la práctica del zazen y prosternarse. Habitualmente prosternarse significa presentar nuestros respetos a alguien que es más digno de respeto que nosotros mismos. Pero cuando se prosterna ante el Buda, usted no debería tener ninguna idea de Buda, simplemente se hace uno con Buda. Usted ya es Buda mismo. Cuando usted se hace uno con Buda, uno con todo lo que existe, encuentra el verdadero significado del ser. Cuando olvida todas sus ideas dualistas, todo se vuelve su maestro y todo puede ser objecto de adoración.

Cuando todo existe en el interior de su gran mente, todas las relaciones dualistas desaparecen. No hay distinción entre cielo y tierra, hombre y mujer, maestro y discípulo. A veces un hombre se prosterna ante una mujer; a veces una mujer se prosterna ante un hombre. A veces el discípulo se prosterna ante el maestro; a veces el maestro se prosterna ante el discípulo. Un maestro que no puede prosternarse ante sus discípulos no puede prosternarse ante el Buda. A veces maestro y discípulo se prosternan juntos ante Buda. Podemos a veces prosternarnos ante perros y gatos.

En su gran mente todo tiene el mismo valor, todo es Buda mismo. Usted ve algo o escucha un sonido y ahí tiene todo justamente como es. En su práctica usted debería aceptar todo como es, dando a cada cosa el mismo respeto dado a Buda. He aquí la budeidad. Entonces Buda se prosterna ante Buda y usted se prosterna ante usted mismo. Esta es la verdadera prosternación.

Si no tiene esta firme convicción de la gran mente en su práctica, su prosternación será dualista. Cuando usted es usted mismo, se prosterna ante sí mismo, en su verdadero sentido, y es verdaderamente uno con todo. Solamente cuando usted es usted mismo puede prosternarse ante todas las cosas en su verdadero sentido. La prosternación es una práctica muy seria. Debería estar preparado para prosternarse aún en el último momento de su vida. Cuando no puede hacer otra cosa sino prosternarse, debería hacerlo. Esta clase de convicción es necesaria. Prostérnese con este espíritu y todos los preceptos, todas las enseñanzas estarán con usted, poseerá toda las cosas en su gran mente.

Sen no Rikyu, quien instituyó la ceremonia japonesa de té, se hizo el hara-kiri (suicidio ritual por desventración) en 1591 por orden de su señor, Hideyoshi. Antes de suprimirse, Rikyu dijo: “cuando tengo ésta espada, no hay Budas ni patriarcas”. Quería decir que cuando tenemos la espada de la gran mente no hay mundo dualista. La única cosa que existe es éste espíritu. Esta clase de espíritu imperturbable estaba siempre presente en la ceremonia del té de Rikyu. Nunca hizo nada de una manera dualista; estaba listo a morir a cada instante. Ceremonia tras ceremonia él moría, se renovaba. Este es el espíritu de la ceremonia del té. Así es como nosotros nos prosternamos.

A fuerza de prosternarse mi maestro tenía una callosidad en su frente. El sabía que era un tipo testarudo y obstinado. Por eso se prosternaba, se prosternaba, se prosternaba. La razón por la cual se porsternaba era que escuchaba siempre dentro de él la voz de su maestro gruñéndole. Había entrado en la orden Soto a los treinta años, que es una edad muy avanzada para un sacerdote japonés. Cuando somos jóvenes, somos menos testarudos y nos resulta más fácil deshacernos de nuestro egoísmo. Por esta razón su maestro lo llamba siempre “tú-el-llegado-tarde” y le gruñía por haber llegado tarde. Cuando mi maestro tenía setenta años, decía: “cuando era joven, era como un tigre, pero ahora soy como un gato”. Estaba muy contento de ser como un gato.

Prosternarse ayuda a eliminar nuestras ideas egocéntricas. No es tan fácil. Es difícil deshacerse de estas ideas, y prosternarse es una práctica muy valiosa. Lo importante no es el resultado; nuestro esfuerzo por mejorarnos es lo que tiene valor. Esta práctica no tiene un fin.

Cada prosternación expresa uno de los cuatros votos Budistas. Estos votos son: “aunque innumerables los seres sensibles, prometemos liberarlos. Aunque ilimitados nuestros malos deseos, prometemos eliminarlos. Aunque ilimitada la enseñanza, prometemos aprenderla toda. Aunque inalcanzable el Budismo, prometemos alcanzarlo.” Si es inalcanzable, ¿cómo podemos alcanzarlo? ¡Pero deberíamos! Esto es el Budismo.

Pensar: “como es posible, lo haremos”, no es el Budismo. Aún cuando sea imposible, tenemos que hacerlo, porque nuestra verdadera naturaleza así lo quiere. Pero, en realidad, que sea o no posible, no es esta la cuestión. Si nuestro deseo más profundo es deshacernos de nuestras ideas egocéntricas, tenemos que hacerlo. Cuando hacemos este esfuerzo, nuestro deseo más profundo se apacigua y el Nirvana está allí. Antes de decidirse a hacerlo, tiene dificultades, pero después de que empieza, ya no tiene ninguna. Su esfuerzo apacigua su deseo más profundo. No hay otro medio de alcanzar la calma. La calma de la mente no significa que deba detener su actividad. La verdadera calma debería encontrarse en la actividad misma. Decimos: “es fácil encontrar la calma en la inactividad, es difícil encontrar la calma en la actividad, pero la calma en la actividad es la verdadera calma”.

Después de haber practicado un tiempo, comprenderá que no es posible hacer progresos rápidos y extraordinarios. Aunque trate con todas sus fuerzas, su progreso será poco a poco. No es como salir bajo un aguacero en el que usted sabe cuando está mojado. En la niebla, usted no sabe que se está mojando, pero como sigue caminando, usted se moja poco a poco. Si su mente tiene ideas de progreso, dirá tal vez: “¡oh, este paso es terrible!”. Pero no lo es en realidad. Cuando se moja entre la niebla es muy difícil secarse. Inútil, pues, preocuparse por el progreso. Es como estudiar una lengua extranjera; usted no puede aprenderla toda de una vez, pero a fuerza de repetición, usted termina por dominarla. Esta es la manera de practicar del Soto. Podemos decir que progresamos poco a poco o que ni siquiera esperamos progresar. Basta simplemente ser sincero y hacer nuestro pleno esfuerzo cada instante. No hay Nirvana exterior a nuestra práctica.