“Lo más importante es que se exprese tal como es usted mismo, sin ninguna adaptación intencional ni caprichosa”.

La comunicación es muy importante en la práctica Zen. Como yo no hablo muy bien vuestra lengua, busco siempre un medio de comunicarme con ustedes. Pienso que esta clase de esfuerzo tendrá muy buen resultado. Nosotros decimos que si usted no comprende las palabras de su maestro, usted no es su discípulo. Comprender las palabras de su maestro o el lenguaje de su maestro, es comprender al maestro mismo. Y cuando lo comprende, usted descubre que su lenguaje no es solamente el lenguaje ordinario, sino el lenguaje en su sentido más vasto. A través del lenguaje de su maestro, usted comprende más de lo que en realidad dicen sus palabras.

Cuando decimos algo, siempre está involucrada nuestra intención o situación subjetiva. No existe, pues, palabra perfecta. En toda declaración siempre hay alguna deformación. Pero a pesar de eso, a través de las palabras de nuestro maestro tenemos que comprender el hecho objetivo mismo, el hecho último. Por hecho último no queremos decir algo eterno o constante; queremos decir las cosas tal como son en cada instante. Usted puede llamarlo “ser” o “realidad”.

Comprender la realidad como una experiencia directa, es la razón por la que nosotros practicamos zazen y estudiamos el Budismo. A través del estudio del Budismo usted comprenderá su naturaleza humana, sus facultades intelectuales y la verdad presente en su actividad humana. Y usted puede tener en cuenta su naturaleza humana cuando busca comprender la realidad. Pero solamente por la práctica efectiva del Zen usted puede experimentar directamente la realidad y comprender el verdadero sentido de las diversas declaraciones hechas por su maestro o por Buda. En un sentido estricto, no es posible hablar de la realidad. Sin embargo, si usted es un estudiante Zen, usted tiene que comprenderla directamente a través de las palabras de su maestro.

La declaración directa de su maestro puede que no sea solamente con palabras; su comportamiento es de igual forma su modo de expresarse a sí mismo. En el Zen ponemos énfasis en la conducta o el comportamiento. Por comportamiento no entendemos una manera particular como usted debiera comportarse, sino más bien la expresión natural de usted mismo. Insistimos en la rectitud. Usted debería ser auténtico en relación con sus sentimientos y con su mente, expresándose a sí mismo sin ninguna reserva. Esto ayuda al que lo escucha a comprenderlo más fácilmente.

Cuando usted escucha a alguien, debería abandonar todas sus ideas preconcebidas y sus opiniones subjetivas; simplemente escúchelo y observe cuál es su manera. Nosotros ponemos muy poco énfasis en lo correcto o lo equivocado o en lo bueno o lo malo. Solamente vemos las cosas como son para él y las aceptamos. Así nos comunicamos con cada una de las otras personas. Normalmente, cuando usted oye alguna declaración, usted la escucha como una especie de eco de usted mismo. En realidad, usted está escuchando su propia opinión. Si está de acuerdo con su opinión puede aceptarla, pero si no lo está, la rechazará o, incluso, en realidad, ni siquiera la oirá. Esto es un peligro cuando usted escucha a alguien. El otro peligro es ser atrapado por la declaración. Si no comprende el verdadero sentido de la declaración de su maestro, será fácilmente atrapado por algo que está envuelto en su opinión subjetiva o por la forma particular en que es expresada la declaración. Usted tomará lo que él dice solamente como una declaración sin comprender el espíritu detrás de las palabras. Siempre está presente esta clase de peligro.

Una buena comunicación entre padres e hijos es difícil de obtener porque los padres siempre tienen sus propias intenciones, las cuales son siempre buenas, pero su manera de hablar o su manera de expresarse, a menudo no son tan libres. También son frecuentemente unilterales y poco realistas. Cada uno de nosotros tiene su propia manera de expresarse y es difícil cambiar esta manera según las circunstancias. Si los padres pudieran ingeniarse para expresarse de diversas maneras según cada situación, no habría ningún peligro en la educación de sus hijos. Esto es, sin embargo, bastante difícil. Incluso un maestro Zen tiene su propia manera. Cuando Nishiari-zenji regañaba a sus discípulos, decía a menudo: “¡vete!” ¡Uno de sus discípulos lo tomo literalmente y abandonó el templo! Pero el maestro no quería expulsar al estudiante. Era sólo su manera de expresarse a sí mismo. En lugar de decir: “¡ponga atención!”, decía: “¡vete!”. Si sus padres tiene esta clase de hábito, usted fácilmente puede comprenderlos mal. Este peligro está siempre presente en nuestra vida diaria. Así, como oidor o discípulo, es necesario despejar su mente de estas ditorsiones. Una mente llena de ideas preconcebidas, de intenciones subjetivas o hábitos, no está abierta a las cosas como son. Por ésto es que practicamos zazen: para despejar nuestra mente de todo lo que esté relacionado con cualquier otra cosa.

Ser completamente natural hacia nosotros mismos y al mismo tiempo seguir lo que los otros dicen o hacen de la manera más apropiada, es bastante difícil. Si tratamos intencionalmente de adaptarnos de alguna manera, resulta imposible ser natural. Si trata de adaptarse de alguna manera, usted se pierde. Expresarse libremente tal como es, sin ninguna forma de adaptación intencional, caprichosa, es lo más importante para ser feliz y hacer feliz a los otros. Usted adquirirá esta capacidad practicando zazen. El Zen no es un arte de vivir fantástico, especial. Nuestra enseñanza es simplemente vivir siempre en la realidad, en su sentido exacto. Hacer nuestro esfuerzo cada instante, es nuestra manera de obrar. Y precisamente, la única cosa que podemos realmente estudiar en nuestra vida es sobre lo que estamos trabajando en cada instante. No podemos ni siquiera estudiar las palabras de Buda. Estudiar las palabras de Buda en su sentido exacto significa estudiarlas a través de una actividad a la cual usted se enfrenta cada instante. Deberíamos, pues, estar concentrados con toda nuestra mente y todo nuestro cuerpo sobre lo que hacemos; y deberíamos ser fieles, subjetiva y objetivamente, a nosotros mismos y especialmetne a nuestros sentimientos. Incluso cuando usted no se siente muy bien, es mejor expresar cómo se siente sin ningún apego ni intención particular. Usted puede decir así: “oh, perdóneme, no me siento muy bien”. Eso basta. No debería decir: “¡usted me ha puesto así!”. Esto es demasiado. También puede decir: “oh, perdóneme. Estoy tan enojado con usted”. No hay necesidad de decir que no está enojado cuando está enojado. Diga solamente: “estoy enojado”. Con eso basta.

La verdadera comunicación depende de nuestra rectitud con los otros. Los maestros Zen son muy rectos. Si usted no comprende la realidad directamente a través de las palabras de su maestro, quizás lo golpée con su bastón. “¿Qué es?!” dirá. Nuestra manera de obrar es muy directa. Pero ésto, usted sabe, no es verdaderamente el Zen. Esta no es nuestra forma tradicional, pero cuando queremos expresarlo, encontramos a veces más fácil expresarlo de esta manera. Pero la mejor forma de comunicación puede ser justamente estar sentado sin decir nada. Tendrá usted entonces la plena significación del Zen. Si yo lo golpeo con mi bastón hasta perderme a mí mismo o hasta que usted muera, eso aún no basta. La mejor manera es simplemente sentarse.